ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA
En
el siguiente cuento debes completar las
palabras que le hacen falta al texto con las que se encuentran ubicadas en el
recuadro, e ilustrar con imágenes del archivo de imágenes.
|
Palabras
para insertar en el texto
|
|
–le
dijo el dependiente de la agencia
decidió
un día armar un viaje al país de su amigo Arturo
le
había ido tan mal con el coche
intentó salir del Zoológico
Vístete
rápido para que salgamos a dar un paseo
había
empezado a entender las cosas
Acostumbra
echar agua y harina a la otra gente como parte de la diversión.
y te
arruinaste la noche
|
ROBERTO, EL TERCO
Roberto, el terco,
.Su amigo le había pedido que lo visitara; así que Roberto, el terco, lo
llamó para anunciarle el viaje.
Arturo recibió al amigo en el aeropuerto y lo llevó a su
casa.
--La pasarás bien, Roberto –le dijo Arturo--. Ya verás
cómo te vas a divertir. Claro que debes tener en cuenta que las cosas en este
país son un poco diferentes.
Pero Roberto, el terco... terco como siempre, no hizo
caso a la advertencia de su amigo.
Mientras Arturo fue a su trabajo, Roberto, el terco,
decidió arrendar un auto para conocer la ciudad.
--Veo que usted es extranjero - ,
-. Por eso quiero advertirle que en este país no se conduce por la
derecha, sino por la izquierda.
Cuando salió a la calle conduciendo el auto, arrendado,
Roberto, el terco, terco como siempre, se dijo:
--Bah! ¡Tonterías!
Voy a conducir como siempre lo he hecho: por la derecha.
Y, claro... lo que se esperaba: en la primera esquina le
salió otro auto de frente y... ¡pum!: el pobre Roberto, el terco, se
estrelló.
Tuvo que venir Arturo con una grúa de servicio para
ayudar a Roberto, el terco, a llevar el auto al taller. Y además del susto, que
pagó bien caro, Roberto, el terco, por terco, tuvo que pagar el coche a la
empresa de alquiler.
En vista de que a Roberto, el terco, por terco, Arturo, el amigo, lo invitó a dar un paseo en
autobús por la ciudad.
--Pero te advierto, Roberto –le dijo Arturo--: en este
país se sube al autobús por la puerta de atrás.
Roberto, el terco, terco como siempre, le dijo:
--¡Bah!
¡Tonterías! Siempre he subido al
autobús por la puerta de adelante. Ya verás.
Y cuando Roberto, el terco, terco como siempre, fue a
subir por la puerta de adelante... “¡Cuidado, Roberto!”, le gritó Arturo, pero
fue tarde. Los pasajeros del autobús ya habían empezado a bajar.
El pobre Roberto, el terco, por terco, fue a dar al
suelo; y fue pisoteado por todos los
pasajeros que bajaron.
Al día siguiente, Arturo despertó a Roberto, el terco,
llevándole el desayuno a la cama.
--Hoy no tengo que trabajar-- le dijo Arturo, Pero
eso sí: ponte ropa liviana porque, entrado el día, el sol calienta demasiado.
Al salir a la calle, Arturo advirtió que Roberto, el
terco, llevaba ropas de lana.
--No me hiciste caso, Roberto.
--¡Bah!
¡Tonterías! Está muy bueno el
clima. No creo que más tarde haga calor.
--Ya verás –le dijo Arturo.
Roberto, el terco, se equivocó una vez más: tan pronto
como llegaron a la plaza, las pocas nubes desaparecieron y el sol pareció
empezar a querer quemar las cosas.
Roberto, el terco, por terco, por no vestirse como veía
que se vestía la gente, casi se asfixia en sus ropas de lana.
Al llegar a casa tuvo que meterse al baño de prisa para
tomar una ducha de agua fría.
--Te lo advertí –le dijo Arturo--: No pudiste disfrutar
del día, por terco, mi querido amigo.
Por fin, Roberto, el terco,
Al día siguiente, al levantarse, comentó a su amigo Arturo que quería
comprar ropas livianas para el calor del verano.
--Aquí las tiendas y los almacenes sólo abren a las
nueve; y apenas son las siete-- dijo Arturo.
Pero... nada: Roberto, el terco, terco como siempre,
salió de casa a las siete, diciendo:
--¡Bah!
¡Tonterías! Debe haber almacenes
abiertos a esta hora. En mi país, a las siete, ya están abiertos.
Una vez más, por terco, se había equivocado Roberto, el
terco: todos los almacenes estaban cerrados. Tuvo que esperar frente a uno de
ellos, dos horas de pie, hasta que abrieran.
Apenas a las once alcanzó a llegar a casa, sudando, y
cargado de paquetes.
--Por tu terquedad, Roberto, hemos perdido la mañana--
dijo Arturo al verlo llegar.
El día siguiente era Viernes de Carnaval. Roberto, el terco, se levantó muy contento
con la noticia.
--Yo voy a salir vestido así, con la peor ropa que tengo
–le dijo Arturo--. La gente, en Carnaval,
--¡Bah!
¡Tonterías! --se dijo Roberto, el
terco, terco como siempre--. Hay que vestirse de traje y elegante en Carnaval:
eso es hacer honor, con el vestido, a tan alegres fiestas.
Pero Roberto, el terco, terco como siempre, se había
equivocado una vez más: al verlo tan bien vestido en medio del bullicio, la
gente arremetió contra él con jarras de agua y cáscaras de huevo repletas de
harina.
Roberto, el terco, por terco, había arruinado su traje.
Toda la noche estuvo trabajando en casa, limpiándolo, pues lo necesitaba para
el viaje de regreso.
--Por salir de traje al Carnaval te arruinaste el día, –le
dijo Arturo mientras lo veía trabajar.
Era el último día de la visita que Roberto, el terco,
hacía a su amigo Arturo. Esa noche, Arturo le ofrecía una fiesta de despedida.
En la mañana, Roberto, el terco, le había dicho:
--Mientras tú vas al trabajo, yo iré a pasar el día en el
Zoológico.
--Bien –le dijo Arturo--, pero ten presente que en esta
ciudad cierran el Zoo a las cinco de la tarde.
--¡Bah!
¡Tonterías! –se dijo Roberto, el terco, camino del Zoológico--¿Cómo lo
van a cerrar a las cinco de la tarde? Me
quedaré viendo los animales hasta que anochezca.
Así sucedió: Roberto, el terco, terco como siempre, pasó
un buen día en el Zoológico viendo toda clase de animales.
Cuando sonó la sirena, a las cinco en punto, volvió a
decir:
--- ¡Bah!
¡Tonterías! No creo que cierren a
las cinco.
Cuando ya había anochecido, Roberto, el terco,
y... ¡lógico!: encontró la puerta cerrada. Así que, por terco, tuvo que
dormir en una de las bancas del parque, mientras soñaba con la fiesta que, en
su honor, ofrecía Arturo en casa.
Terminaron por fin las vacaciones de Roberto, el terco.
Arturo fue a llevarlo en su coche al aeropuerto. Los dos amigos se despidieron
prometiendo volver a verse pronto.
Durante el vuelo, Roberto, el terco, pensó en lo bien que
la habría pasado y en lo mejor que todo habría resultado si no hubiese sido tan
terco.
En el aeropuerto de su ciudad, otro de sus amigos lo
esperaba.
--¿Cómo te fue?
¿La pasaste bien? --preguntó el
amigo cuando Roberto llegó hasta él.
--He aprendido una lección mientras meditaba en el avión
–le dijo Roberto, el terco.
--¿Y cuál es esa lección, Roberto?
--Que para poder disfrutar de un viaje... “en la tierra
que fueres, haz lo que vieres”. Así la pasarás mejor.
David
Sánchez Juliao.